
Trabaja con una base calmada de verdes mate y añade dos acentos: uno floral y otro de follaje. El acento superior puede ser buganvilla magenta; el medio, gramíneas suaves que mecen la vista. La repetición sutil crea continuidad entre niveles. Evita mezclar demasiados tonos en espacios mínimos. Una paleta coherente hace que los enrejados desaparezcan ópticamente, y la altura se percibe limpia, ligera y elegante, invitando a la mirada a viajar hacia arriba sin tropezar ni cansarse.

Hojas recortadas, flores pequeñas y tallos finos permiten ver a través, construyendo profundidad sin opacidad. Alterna planos densos con rastreras etéreas que asomen entre listones. Las transparencias crean misterio y sensación de distancia, como si hubiera más metros detrás. El reflejo de una lámina de agua o un espejo estrecho potencia este efecto, multiplicando capas. Así, el conjunto crece en percepción, aunque el suelo sea escaso, y las celosías se conviertan en escenarios dinámicos y cambiantes.

Planifica relevos: bulbos primaverales en macetas altas, anuales estivales colgantes, tonos rojizos otoñales en hojas trepadoras, y ramas desnudas invernales que dibujan siluetas en la pared. Ilumina con guirnaldas cálidas y focos orientables que acarician texturas. La noche prolonga el jardín, y los planos verticales brillan sin deslumbrar. Esta coreografía de estaciones convierte la altura en un espectáculo íntimo, adaptable a cenas, lecturas o silencios, manteniendo siempre la frescura de lo inesperado al regresar.