En una casa adosada, se instaló un espejo templado de 120 por 180 centímetros detrás de una celosía con jazmín. Solo tres grados de inclinación bastaron para reflejar la alfombra de grava y el banco central. La familia notó que caminaban más despacio, disfrutando la ‘nueva’ profundidad. La limpieza mensual y un sellado perimetral evitaron problemas. El gasto fue menor que cualquier obra, y el cambio, inmediato. Las visitas preguntan dónde está la ‘puerta’ al jardín vecino, sonriendo al descubrir el truco.
Un panel de acero inoxidable pulido, anclado a una pared lateral, duplicó macetas altas de bambú, creando una pantalla verde más densa y silenciosa. Al reflejar el cielo, desapareció la sensación de encierro entre medianeras. Se cuidó la orientación para no deslumbrar al atardecer y se añadió luz lineal cálida en el alfeizar. Bastó organizar macetas diagonales para prolongar el recorrido visual. Ahora el desayuno parece frente a un parque. El mantenimiento es rápido: paño suave semanal y revisión de herrajes trimestral.